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Mausoleos familiares

Qué es la vida sino un conjunto de recuerdos encajados uno tras otro para adornar los pasillos del extenso laberinto de nuestra memoria. 

Lo que contamos que nos contaron de la vida de otros es, en la mayoría de los casos, un tesoro que poco a poco se ha difuminado entre versiones y verdades a medias; un patrimonio intangible a merced de la voracidad del tiempo y cuya preservación ha colmado de figurines, estampitas, postales, fotografías, suvenires y recuerditos a las vitrinas y trasteros de los hogares de abuelos de millones de hogares mexicanos, creando así un elemento monolítico de la vida familiar, mausoleo de los recuerdos compartidos. 

“Bien clarito tengo guardada en la memoria la imagen de estas ‘catedrales’ que se erguían en medio de la sala de mi madrina. (…) En años recientes, sin embargo, donde los días son ‘más cortos y las agendas más apretadas’, he notado de a poco, que cada vez, -tal vez en un afán de la gente de seguir nuevas tendencias de decoración -, estos elementos preciosos se han reducido, y los “muebles de abuelita” ya no figuran en las estancias familiares”, dice Tania Quezada sobre el pilar central de la exposición.

Los tiempos han cambiado vertiginosamente y aquellas figuras monolíticas que se alzaban en el epicentro de los hogares han visto su impacto, exhibición y relevancia traducidas a un lenguaje digital a través de pequeños fragmentos esparcidos en nuestras redes sociales.

Ricardo Pérez Q.

Ante esta hecatombe, la labor del artista contemporáneo se convierte, a veces por gusto, a veces por supervivencia y a veces por verdadero amor a la memoria, en la de un antropólogo, cronista, forense o historiador en cuya diligencia se encuentra no solo la materialización de los recuerdos en un objeto tangible, sino en la dignificación de todo aquello que nosotros los herederos podemos olvidar. 

La tarea, de la cual se desprende la presente exposición, consistió en un trabajo colaborativo junto a un puñado de cómplices que tuvieron a bien compartir sus historias para que estas adquirieran forma de dioramas valiéndose del lenguaje de las pinturas y los dibujos. Sin embargo, pese a las bondades de los medios de comunicación actuales algunos relatos elusivos padecieron las complicaciones por las que atraviesa el mundo a raíz de la pandemia de Covid-19 y la dificultad de algunos familiares por vencer la brecha digital en la que se han sumido, o aquellas en las que los protagonistas poco a poco se desvanecieron en el tiempo provocando que estos mausoleos permanezcan incompletos, un testimonio lúgubre de que la muerte no sólo acecha al cuerpo, sino también a aquello que no se preserva con cuidado. 

Este espacio es una celebración de todo aquello que ha vencido a los terribles fantasmas del olvido.

Tania Quezada

Abierta hasta el 31 de enero de 2021

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