Desfragmentación Interior

El coreógrafo Alejandro Chávez Zavala nos ha ofrecido una segunda desfragmentación del silencio los días 25, 26 y 27 de marzo en la acera del Museo de la Ciudad y el contiguo Templo de Las Capuchinas, en la calle de Vicente Guerrero, Centro Histórico de Querétaro.             

                                                                                                                                                  Intentando derivar definiciones y significaciones de este montaje interpretado por tres ejecutantes más o menos solistas, dos bailarines de danza contemporánea y un músico de cuerdas, por eliminación el silencio para nuestro oído no existe, dada la frotación musical de las cuerdas de violín y violoncello alternadamente. La actuación solista está marcada por el aislamiento físico de cada artista dentro de tres respectivas vitrinas transparentes, perfectamente cuadradas. No obstante esta condición aislada vemos una coordinada armonía del movimiento ejecutado por el bailarín y la bailarina, correspondiéndose, no obstante la ubicación intermedia del músico  —Hiram Herrera, violín; Guillermo Sánchez Romero, cello—. Aunque por momentos las direcciones de sus posiciones parecen entablar o desear comunicación, no resulta posible determinar si la heterosexualidad o diferencia de géneros condiciona el contenido de este probable deseo o intento. Tampoco es posible suponer alguna intencionalidad en el orden de la ocupación de las vitrinas: el bailarín —Omar Eduardo Baas Pacheco, A. Chávez Z. y Efrén Gorrostieta Fernández—   cercano a la entrada, siempre abierta, del Museo; la bailarina —Regina Perea Kuri y Paulina Hernández—  cercana a la puerta, siempre cerrada, del templo.                                                                                                                          

                                                                                                                                                              Para entender que esta es la segunda experiencia desfragmentaria tendríamos que recordar la desfragmentación de los días 13, 14, 15, y 18 de agosto de 2020 en el vestíbulo  —a nivel de la calle 16 de Septiembre—  del antiguo (sic) Cine-teatro ‘Rosalío Solano’ con música grabada, operada por Alejandro Chávez mediante su lap-top. El fundador y director del grupo Ciudad Interior echó llave a las cerraduras para impedir el acceso del público y así convirtió el amplio espacio en vitrina escénica. La presencia del silencio en aquella ocasión fue subrayada con el uso del lenguaje de señas  —paralingua—. La metafórica referencia al aislamiento vivido en el mundo del silencio fue contundente, lo mismo la consecuente búsqueda de la comunicación careciendo de la oralidad. La fuerza del movimiento, con carácter gestual, mucho expresaba las emociones y la emotividad vivida en esa privación y su superación. La corporalidad del movimiento, la intencionalidad de éste para captar la atención, abstraerla y finalmente hacerlo a uno caer en la cuenta de que durante un lapso, llamado función, ha permanecido abstraído es parte del encanto de la danza contemporánea de este grupo artístico que ha desfragmentado las disposiciones que aíslan y confinan a un público que con todas las incomodidades de la calle se plantan en la acera de enfrente para presenciar un espectáculo escénico a pesar de la intermitencia del paso vehicular.                                                                               A propósito, Ciudad Interior ya hace entregas de movimiento a domicilio, dependiendo de la idoneidad vial del barrio o rumbo. Si los funcionarios culturales se casaran con la creatividad de los artistas ¡cuánta oferta cultural habría! porque el suceso escénico es con el concurso y comunión de espectadores e intérpretes en una misma identificación sensorial, no con la intermediación de una pantallita.

Reseña por Oscar Salas

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